Creo que la base de nuestra seguridad radica en Cristo, Cristo, y Cristo. De hecho, una de las condiciones que el Hijo tuvo ante el Padre al venir a la tierra, era no sólo salvar inicialmente a pecadores, sino asegurar la preservación de ellos hasta el último día: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”, Juan 6:39. Cristo es el todo de nuestra salvación, de principio a fin; sólo anclados a Su obediencia, Muerte vicaria en lugar nuestro y resurrección en gloria hemos de ser salvos.
Al mismo tiempo, Dios asegura que, en los salvos, Él obrará no sólo una salvación inicial, sino una salvación progresiva del poder del pecado, de manera que Su obra real se evidenciará por medio de amor y obediencia a los mandamientos de Él: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él”, 1 Juan 2:3. Esta evidencia no es opcional; sino que es real; y no sólo es real, sino que es necesaria para llegar a la salvación final: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte”, Ap. 2:10-11. Aquí, el “ser fiel hasta la muerte” y “el que venciere” son puestos paralelamente; y “yo te daré la corona de la vida” va con “no sufrirá daño de la segunda muerte”. También ver Stgo.2:5, donde leemos que el reino ha sido prometido “…a los que le aman”. También ver Heb. 12:14, Col 1:23, 1 Pedro 1:5, etc.
Aún así, y con todo, no se debe confundir la evidencia de nuestra salvación, con la base de la seguridad de ésta. El bien estar de un edificio, con sus cañerías funcionando y con sus paredes firmes, es la evidencia de que es digno de mi confianza. Sin embargo, ninguna de esas características constituyen en sí mismas, la base del edificio: no, sino sus cimientos. Esa es la única base de seguridad. Puede que a veces las cosas no funcionen bien en el edificio, y que diferentes temblores lo sacudan. En ese caso (y en cualquier caso), estaré seguro en dicho edificio, si sé que sus cimientos son inalterablemente firmes.
De la misma manera, creo que es un error grave tratar de basar nuestra propia seguridad de salvación, en las evidencias. ¡Tengo tantos errores, que ninguna evidencia sería suficiente para darme paz y seguridad! No debemos estar aferrados a otra cosa, ni a otra fuente, que no sea Cristo. Cuando mis pecados se levantan día tras día a acusarme de que no soy digno de Él, corro y me aferro sólo a Cristo, y a su cruz. Si el infierno eterno, con sus demonios y poderes se levantaran para llevar mi alma a los peores sufrimientos de condenación, ¡Dios líbreme de mirar hacia mi débil fe! En ella hallaré confusión, debilidades, imperfecciones. Miro a Cristo, y lo miro a él muriendo por mi, y llevando todas mis culpas y sufriendo por mí. Si él murió por mí, ¡no puedo ser condenado! El Padre no le fallará al Hijo, ni el Hijo le fallará al Padre. Si él me salvó, Él me resucitará para vida. “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. ¡Cristo muerto, y resucitado! Él solo es nuestra esperanza de gloria!